A boca de jarro | Gabriela Alfie "El chico debe protagonizar su relación con Internet" DESCARGAR

Internet no es un mundo para ingenuos", desliza con sonrisa enigmática Gabriela Alfie, educadora y especialista en informática educativa, disciplina que estudia el uso de la computadora en el hogar y el colegio, y que en unos días presentará Cyberpadres , su último libro, editado primero en México y España. Una de sus líneas de investigación más interesantes, que le fue muy útil para la redacción de varios capítulos, es una serie de encuentros que organizó con chicos y adolescentes para preguntarles qué hacían con la computadora cuando sus padres no estaban en casa. "Los chicos fueron muy sinceros. Incluso uno de ellos, visiblemente resentido por actitudes desleales de compañeros de chateo por Internet, me reveló uno de los mayores secretos de su grupo virtual: cómo llegar a ser un hacker. El encuentro me permitió ver hasta qué punto un chico o joven se encuentran desprotegidos ante el mundo que le ofrece una computadora", agrega. -¿Cuál es la propuesta de Cyberpadres?

-Capacitar al niño. El chico debe protagonizar su relación con Internet, debe ser él quien tome las decisiones. Creo que es el camino más lógico; la otra alternativa son las prohibiciones, pero cuando no se explican debidamente, el chico no las comprende, lo que le lleva a vivirlas como un capricho autoritario y a violarlas en la primera oportunidad. Sin embargo, cuando hay diálogo, cosas tan temidas y difíciles como poner límites, determinar cuánto tiempo se puede estar chateando con los amigos o navegando en Internet pasan a ser consecuencias naturales de un intercambio inteligente y afectuoso entre padres e hijos.

-¿Qué riesgos se corren cuando se navega por Internet?

-Internet tiene múltiples posibilidades para la educación, la comunicación, el desarrollo intelectual y conceptual, incluida una actitud estratégica para enfrentar los problemas cotidianos. Pero cuando se lo utiliza indiscriminadamente se suelen conseguir los efectos contrarios: desinformación, aislamiento e incomunicación, y confusión entre ficción y realidad.

-¿Cómo se cae en la desinformación?

-En Internet, cualquiera puede poner cualquier cosa. Es increíble la cantidad de textos apócrifos, desde una carta de despedida de Gabriel García Márquez, en ese entonces enfermo de cáncer, que desde hace unos 10 años viene apareciendo en Internet disfrazada de todas la formas imaginables: con vistas apaisadas de París nocturno, excelentes fotografías de rincones nevados del norte de Europa, pinturas de Van Gogh, etcétera, hasta un poema de Jorge Luis Borges, Aprendiendo , que tampoco escribió el autor de El jardín de los senderos que se bifurcan . Es necesario que el chico comprenda eso y que se acostumbre a verificar la calidad de la información.

-¿Y en la incomunicación?

-Cuando un chico se vuelve adicto a la computadora, poco a poco va perdiendo contacto con amigos, deja de asistir a reuniones como cumpleaños o encuentros deportivos, y abandona el juego simbólico, que es el clásico juego infantil, el que le permite desarrollarse afectiva, física y socialmente, algo que los juegos de la computadora no pueden reemplazar. Y así, poco a poco se va volviendo tímido, con problemas de diálogo, poco espontáneo, sin capacidad para resolver conflictos de relación que se le presentan a diario. Esto aumenta el aislamiento y la computadora pasa a ser un refugio, el escape a una realidad que al huir se suele tornar amenazadora.

-¿Y en la confusión entre realidad e irrealidad?

-En parte es una consecuencia de lo anterior. Si me aíslo del mundo real y me refugio en el virtual, empiezo lentamente a reemplazar uno por otro que me resulta más amable, donde me siento más seguro. Además, la computadora me permite suspender una relación cuando me parece, cosa que no puedo hacer en la vida real. Pero hay otro aspecto preocupante, nunca puedo tener certeza de que las relaciones que establezco por Internet son lo que aparentan. ¿Cómo puedo estar seguro de que es realmente alguien de mi edad ese compañero anónimo e invisible, de sus intenciones, de lo que me cuenta de sí mismo? Esto, como vemos a diario, puede dar lugar a situaciones realmente peligrosas.

-¿Cómo debe ser la participación de los padres?

-El chico debe sentir que sus padres le aportan conocimiento, autoridad, preocupación y que están abiertos al diálogo. Sin embargo, para que el chico sea protagonista es necesario, además, despertar su interés, darle su lugar, hacerle comprender la importancia que tiene. En los juegos, enseñarle a leer los mensajes subliminales, a descubrir contenidos disfrazados, analizar los personajes, sus roles, y a preguntarse qué consecuencias tendría una situación como la que se da en el juego, generalmente muy violenta, en el mundo real. En otras palabras, ayudarlo a desarrollar algo fundamental para la vida de un ser humano: su sentido crítico.

Luis Aubele
 


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